Tras la comparecencia del 26 de julio de 2023, el caso de David Grusch no se quedó en una audiencia más. Durante los meses siguientes, se generó una presión política notable, con apoyo bipartidista en el Congreso de Estados Unidos, para avanzar en la transparencia sobre los fenómenos UAP. Esa presión cristalizó en nuevas audiencias, propuestas legislativas como la UAP Disclosure Act y, sobre todo, en revisiones internas dentro del aparato institucional.
El foco se desplazó entonces hacia una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando el sistema investiga las afirmaciones que lo cuestionan?
De la denuncia al escrutinio institucional
En ese contexto, la All-domain Anomaly Resolution Office —dependiente del Departamento de Defensa de Estados Unidos— asumió un papel central. Y, como me gusta hacer, voy a contextualizar las fechas:
En julio de 2023, apenas días después de la audiencia en el Congreso, el Pentágono ya había señalado que no existía “información verificable” sobre programas de recuperación o ingeniería inversa de tecnología extraterrestre.
Pero el verdadero punto de inflexión llegaría meses después.
El 6 de marzo de 2024, AARO desclasificó su Informe Histórico (1945–2023). Un documento extenso, elaborado tras revisar décadas de archivos, programas clasificados y testimonios dentro de la comunidad de defensa e inteligencia.
Y aquí es donde el relato cambia de tono.
El informe histórico: una negación sin matices
El contenido del informe es, en esencia, una refutación directa de las afirmaciones que habían impulsado el caso Grusch. La conclusión principal es clara: no existe evidencia empírica que respalde la existencia de programas secretos de recuperación de tecnología no humana ni de ingeniería inversa asociada a UAP.
Según AARO, muchas de las alegaciones que han circulado durante décadas, incluidas algunas recogidas por Grusch, se explican por dos factores recurrentes: malinterpretaciones de programas clasificados reales y lo que denominan “circular reporting”. Es decir, información que se retroalimenta entre fuentes sin una base verificable independiente.
Cómo diríamos por estos lares, aquí no hay nada que rascar, fue la conclusión final.
El factor Grusch: entrevistas evitadas y datos indirectos
Hay otro elemento que añade complejidad al asunto.
Documentación obtenida a través de solicitudes FOIA (la ley de liberación de secretos oficiales americana) durante 2024, apunta a que el propio Grusch habría declinado en varias ocasiones colaborar directamente con AARO. Pese a contar con autorizaciones legales que le permitían compartir información clasificada en un entorno seguro.
Esto no invalida su testimonio. Pero sí introduce un matiz relevante. Porque, mientras su declaración bajo juramento se apoyaba en información recabada de terceros, el organismo encargado de verificar esas afirmaciones no llegó a recibir, al menos de forma directa, esos datos.
Y en un caso como este, esa ausencia pesa.
Posición oficial: entre la cautela y la negación
La postura institucional no se limita a AARO. Tanto la NASA como el propio Departamento de Defensa han reiterado, en distintas comunicaciones a lo largo de 2023 y 2024, que no existe evidencia de tecnología de origen extraterrestre en manos del Gobierno estadounidense.
En paralelo, buena parte de la comunidad científica, astrónomos, físicos y analistas independientes, coincide en un punto esencial: las afirmaciones siguen careciendo de respaldo físico o datos verificables en abierto.
En otras palabras, el caso continúa moviéndose en el terreno del testimonio, no de la evidencia.
Entre dos relatos
Llegados a este punto, el escenario queda definido por una tensión difícil de resolver.
Por un lado, un denunciante con credenciales dentro del sistema, que afirma la existencia de programas ocultos y sitúa el debate en el ámbito del control institucional.
Por otro, el propio sistema, a través de AARO, que, tras revisar décadas de información, concluye que no hay pruebas que respalden esas afirmaciones.
Dos relatos. Dos marcos. Y, entre ambos, una zona gris que sigue sin despejarse.
Porque si algo deja este informe del 6 de marzo de 2024 es una sensación peculiar. Lejos de cerrar el debate, lo redefine. Ya no se trata solo de qué se afirma, sino de quién tiene la capacidad, y la credibilidad, para demostrarlo.
Pero, el informe incluía un dato, que sorprendió principalmente a la comunidad de expertos en ufología y otros gremios. Algo que, se coló de forma subrepticia, como quien esconde algo a la vista. Y no es necesario sumergirse demasiado en él. En el sumario, se detallan las denominaciones de todos los programas gubernamentales, relacionados con la materia UAP. Entre los nombres conocidos, el informe desliza uno que apenas había sido mencionado hasta ahora: KONA BLUE. Un proyecto que nunca llegó a existir… o al menos, no como se esperaba.
Pero esa, quizá, es otra historia.



















