El caso Rossetti ha entrado de lleno en esa zona incómoda donde los OVNIs, los demonios y la autoridad religiosa se cruzan en una misma polémica. Donde la ufología deja de ser solo una cuestión de radares, vídeos borrosos y comisiones parlamentarias, para rozar el territorio de la teología, el exorcismo y la vieja pregunta de siempre: ¿Qué estamos viendo realmente cuando hablamos de fenómenos aéreos no identificados?

El protagonista de esta historia es monseñor Stephen Rossetti, sacerdote de la Diócesis de Syracuse, psicólogo y exorcista con una larga trayectoria en la Archidiócesis de Washington. El pasado 3 de junio de 2026, el cardenal Robert McElroy anunció su relevo como exorcista de la archidiócesis y puso fin a toda afiliación con el Saint Michael Center for Spiritual Renewal, el centro dirigido por Rossetti. La razón oficial fue clara: sus declaraciones vinculando los OVNIs con la presencia demoníaca y el uso reciente de redes sociales del centro “socavan gravemente” la enseñanza precisa de la Iglesia sobre el diablo, los demonios y el exorcismo.

No estamos, por tanto, ante un simple rifirrafe de sacristía digital. Estamos ante un choque entre una opinión personal expresada por un exorcista con experiencia, una institución que intenta marcar límites doctrinales y un fenómeno OVNI que, una vez más, se cuela por la rendija menos esperada.

Qué dijo exactamente Stephen Rossetti

La polémica nace de un vídeo publicado el 29 de mayo, en el que Rossetti abordaba la cuestión de los “aliens y lo demoníaco”. Según las transcripciones recogidas por varios medios, el sacerdote no presentaba su postura como dogma de fe. De hecho, matizaba que hablaba desde una creencia personal, no como una definición oficial de la Iglesia.

Rossetti reconocía que un católico puede creer en la existencia de vida en otros planetas sin entrar en contradicción con su fe. Esta idea no es nueva dentro del catolicismo. El propio debate sobre vida extraterrestre ha sido tratado en varias ocasiones desde ambientes vinculados al Observatorio Vaticano y por figuras como el hermano Guy Consolmagno.

Pero Rossetti añadía una advertencia. Según él, los demonios “quieren esconderse” y son más eficaces cuando no se reconoce su actividad. A partir de ahí, planteaba su opinión más polémica: “probablemente muchos, si no la mayoría” de los avistamientos OVNI serían, en realidad, demonios. OSV News recoge que Rossetti vinculó esa posibilidad con la capacidad atribuida a estas entidades de realizar acciones que los seres humanos no pueden, como determinadas velocidades o maniobras.

Aquí conviene detenerse un momento, porque la precisión importa. Rossetti no dijo que la Iglesia enseñe que los OVNIs son demonios. Tampoco afirmó que todo fenómeno aéreo no identificado tenga origen preternatural. Lo que hizo fue colocar sobre la mesa una sospecha espiritual desde su experiencia como exorcista. Y eso, al parecer, fue suficiente para que la jerarquía actuara con rapidez.

La reacción del cardenal McElroy

La respuesta de la Archidiócesis de Washington fue breve, pero contundente. El cardenal McElroy anunció que Rossetti quedaba relevado de su ministerio como exorcista en la archidiócesis y que se rompía la relación institucional con el Saint Michael Center for Spiritual Renewal.

El punto central no parece ser solo la opinión sobre los OVNIs, sino el riesgo de confusión doctrinal. La Iglesia católica mantiene una enseñanza muy concreta sobre el demonio, los ángeles caídos y el exorcismo. Y, desde esa perspectiva, convertir fenómenos aéreos no identificados en una especie de catálogo demonológico volante puede interpretarse como una simplificación peligrosa.

Dicho de otra forma: una cosa es admitir que el mundo espiritual forma parte de la cosmovisión cristiana, y otra muy distinta es usar esa cosmovisión para explicar fenómenos que todavía están bajo estudio, discusión o simple incertidumbre.

Y aquí la ufología conoce bien el terreno. Cuando no sabemos qué es algo, el vacío suele llenarse muy deprisa. A veces con tecnología secreta. Otras con extraterrestres. A veces con ángeles caídos. El misterio, cuando no se vigila, se convierte en un hotel con demasiadas habitaciones ocupadas.

La respuesta de Rossetti

Tras conocerse la decisión, Rossetti respondió con un tono obediente y contenido. Según OSV News, el sacerdote se mostró entristecido por la decisión de la Archidiócesis de Washington, pidió perdón por cualquier forma en la que no hubiera sido fiel a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, en particular por el vídeo sobre “aliens y lo demoníaco”, y afirmó que seguiría sometiendo su labor y la del centro a la obediencia eclesial.

También agradeció sus 19 años de ministerio como exorcista en Washington y anunció que el Saint Michael Center continuaría su labor en otro lugar. Su mensaje incluía una expresión muy significativa: permanecer en la barca de Pedro. Es decir, mantenerse dentro de la Iglesia, incluso cuando la decisión recibida resulte dolorosa.

En este punto, el caso tiene un matiz interesante. Rossetti no se presenta como un rebelde enfrentado a Roma, ni como un iluminado dispuesto a fundar su propia cátedra de demonología ufológica. Su reacción fue de obediencia. Lo cual no elimina la polémica, pero sí cambia bastante el retrato del personaje.

OVNIs, demonios y una vieja corriente subterránea

La idea de que ciertos fenómenos OVNI puedan tener un componente espiritual, demoníaco o engañoso no nació con Rossetti. En realidad, lleva décadas circulando por determinados ambientes cristianos, especialmente entre grupos evangélicos, católicos tradicionalistas y autores que interpretan las abducciones y los contactos como formas modernas de engaño espiritual.

Dentro de esa línea se suele mencionar al padre Chad Ripperger, exorcista y teólogo tradicional, que ha defendido en varias entrevistas que ciertos encuentros con entidades no humanas podrían encajar mejor en patrones de opresión o influencia demoníaca que en una visita extraterrestre convencional.

El argumento, simplificando mucho, sería este: si algunas experiencias de abducción presentan elementos de parálisis, manipulación mental, terror, entidades que se comunican de forma invasiva y supuestos mensajes contrarios a la fe cristiana, entonces quizá no deberíamos interpretarlas solo en clave tecnológica.

El problema es evidente. Este marco puede resultar coherente dentro de una visión religiosa concreta, pero no sirve como explicación universal. Tampoco demuestra nada por sí mismo. Que una experiencia sea aterradora no la convierte automáticamente en demoníaca. Que un fenómeno no tenga explicación inmediata no lo convierte en nave extraterrestre. Y que alguien invoque a Jesús durante una experiencia angustiosa y esta termine tampoco basta, por sí solo, para resolver el enigma.

La ufología seria, si todavía queremos usar esa expresión sin que se nos caiga una ceja al suelo, necesita separar testimonio, interpretación y creencia. Son tres capas distintas. A veces se mezclan. Y cuando se mezclan demasiado, el análisis se vuelve barro.

Cuando la política también mira al cielo… y al infierno

Lo llamativo es que esta lectura espiritual del fenómeno UAP no se limita a sacerdotes o exorcistas. En Estados Unidos también ha aparecido en voces políticas.

El vicepresidente J.D. Vance declaró en marzo de 2026, durante una entrevista en The Benny Show, que no cree que los OVNIs sean alienígenas, sino demonios. Añadió que, desde una comprensión cristiana, existen realidades celestiales buenas y malas, y que ese marco condiciona su forma de interpretar ciertos fenómenos “extra naturales”.

La congresista Lauren Boebert ha ido incluso más lejos, relacionando algunos fenómenos con ángeles caídos, Nephilim y posibles portales. Según Westword, Boebert afirmó que cuanto más investigaba el asunto, más veía conexiones con el Antiguo Testamento y con los relatos sobre ángeles caídos y gigantes bíblicos. La congresista también se ha postulado a favor una mayor transparencia sobre la materia de los UAPs, en sus campañas políticas.

Y si fueran ángeles

También merece entrar en este mapa el congresista republicano Eric Burlison, de Missouri, del que ya hemos hablado en Clave7. Su caso es interesante porque no se limita a una declaración religiosa lanzada al aire. Burlison ha estado implicado en la presión política para abrir archivos, visitar instalaciones y seguir el rastro de posibles programas vinculados a los UAP. Su postura, al menos públicamente, ha oscilado entre el escepticismo prudente y la sospecha de que detrás del fenómeno puede haber algo más complejo que la simple visita de unos turistas galácticos con mal gusto para aparcar.

En su caso, la lectura espiritual aparece más como una posibilidad dentro de un marco cristiano que como una afirmación cerrada. Burlison ha compartido espacios y debates donde se plantea que ciertos fenómenos podrían tener una dimensión engañosa o espiritual, aunque su papel más visible ha sido el de presionar por la transparencia y seguir la pista de bases, contratistas y programas opacos relacionados con los UAP. Y esto es precisamente lo llamativo: incluso entre quienes se sientan en comisiones, acceden a reuniones clasificadas o visitan instalaciones sensibles, la explicación extraterrestre clásica ya no parece ser la única opción sobre la mesa.

Ese matiz lo diferencia de voces como J.D. Vance o Lauren Boebert, que han formulado la relación entre OVNIs, demonios, ángeles caídos o Nephilim de una manera mucho más explícita. Burlison se mueve en un terreno algo más ambiguo, pero no menos revelador: el del político que pide papeles, visitas y respuestas, mientras reconoce que el fenómeno puede terminar chocando con categorías religiosas, filosóficas y culturales para las que Washington, francamente, no parece tener un manual demasiado actualizado.

Como puede el lector apreciar, esto significa que no existe una corriente política homogénea defendiendo que los UAP sean demonios. Pero sí muestra algo significativo: el fenómeno OVNI ha dejado de ser un asunto marginal de revistas especializadas y congresos de hotel. Ahora se mueve entre comités oficiales, filtraciones, archivos desclasificados, podcasts políticos y debates religiosos.

El caso Rossetti solo reabre, una vez más, el debate entre OVNIs y demonios tras el relevo del exorcista por sus declaraciones sobre el fenómeno UAP.

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