
Hay entrevistas que, cuando uno las ve por primera vez, no parecen tener nada de especial. Una charla tranquila, un artista relajado, un comentario que pasa casi desapercibido. Pero el tiempo es cruel: vuelve atrás, señala una frase y la convierte en peso. Eso es lo que ocurre cuando vuelvo a escuchar a Yeison Jiménez hablando de sus sueños en el podcast Los hombres sí lloran, conducido por Juan Pablo Raba.
Yeison Jiménez en Los Hombres Sí Lloran

Lo contó sin dramatismo, sin intención de inquietar a nadie. Dijo que había tenido tres sueños relacionados con aviones. Tres. Y lo dijo como quien no sabe muy bien qué hacer con esa información, pero tampoco puede guardársela.
El primero fue extraño. En ese sueño, el avión perdía una pieza y tenía que aterrizar de emergencia. Él no llegaba a subirse. Observaba todo desde afuera. El vuelo se interrumpía antes de comenzar, como si algo o alguien lo estuviera deteniendo a tiempo.
En el segundo sueño, otra vez, no se subía al avión. Esta vez, cuando la aeronave estaba lista para despegar, un rayo caía sobre la pista. El impacto lo dejaba todo paralizado. El avión no podía salir. El viaje quedaba suspendido. De nuevo, él se salvaba sin haber despegado.
Pero el tercer sueño fue distinto.
Más silencioso. Más definitivo.
Ahí sí se veía subiendo al avión. Y de pronto ya no estaba dentro: estaba arriba, en el cielo, viendo Bogotá completa desde lo alto. La ciudad extendida como un mapa vivo. Entonces miraba hacia abajo y veía el avión estrellado en el suelo. Y mientras eso ocurría, él no caía. Al contrario: se elevaba. Se alejaba de la escena, como si su cuerpo ya no perteneciera a ese lugar.
Cuando lo contó en el podcast, no habló de profecías. No dijo “esto va a pasar”. Solo relató los sueños, con una calma que hoy resulta inquietante. Como si algo en su interior ya hubiera hecho las paces con la idea.
Después vino la realidad
El accidente aéreo. La noticia que nadie quería leer. Y entonces esos sueños, que parecían solo anécdotas, adquirieron otro peso. No porque expliquen lo ocurrido, sino porque ahora existen en ese territorio incómodo donde las coincidencias duelen. No creo que los sueños sean sentencias pero a veces son la forma en la que el cuerpo nos avisa de los peligros.
















