A 21 de julio de 2022, la sensación dentro del aparato de defensa estadounidense es clara: los fenómenos aéreos no identificados han dejado de ser un asunto marginal. Ya no se discuten solo en informes internos o filtraciones puntuales. Han entrado, de forma oficial, en el terreno de la seguridad nacional. Y la respuesta institucional ya está sobre la mesa: la creación de una nueva oficina dedicada exclusivamente a este fenómeno.
De noviembre de 2021 a julio de 2022: el intento de unificar el fenómeno
Para entender el nacimiento de esta estructura, hay que retroceder unos meses.
En noviembre de 2021, el Departamento de Defensa anunció la creación del AOIMSG (Airborne Object Identification and Management Synchronization Group). Aquel grupo era, en esencia, el primer intento serio de unificar la recogida y análisis de datos UAP dentro del Pentágono.
Sin embargo, el AOIMSG nació con limitaciones evidentes. Su alcance era principalmente aéreo, su estructura no terminaba de integrar a toda la comunidad de inteligencia, y su existencia parecía más una solución provisional que un modelo definitivo.
La presión política, especialmente desde el Congreso, no tardó en hacerse notar.
La base legal: la NDAA FY2022
El verdadero punto de partida de la nueva oficina no está en un despacho del Pentágono, sino en el Capitolio.
En diciembre de 2021, el presidente Joe Biden firmó la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2022 (NDAA FY2022, P.L. 117-81). Este documento, disponible en Congress.gov, incluye una disposición clave en 50 U.S.C. § 3373: obliga al Departamento de Defensa y al Director de Inteligencia Nacional a crear una entidad centralizada para gestionar el fenómeno UAP.
Detrás de este impulso legislativo destaca el papel de la senadora Kirsten Gillibrand, una de las principales defensoras de un enfoque más estructurado y transparente en este ámbito.
La orden es clara: hay que integrar, coordinar y estandarizar.
15 de julio de 2022: el memo que lo cambia todo
El siguiente paso se produce el 15 de julio de 2022. Ese día, la Subsecretaria de Defensa Kathleen H. Hicks firma un memorando interno, disponible en el portal oficial del Departamento de Defensa, que ejecuta lo ordenado por la NDAA.
El documento establece tres elementos clave:
- La renombración del AOIMSG como AARO
- La ampliación del enfoque a todos los dominios (aire, espacio, mar, subsuelo y entornos transmedios)
- La orden de disolver estructuras previas, como la UAPTF, transfiriendo sus datos a la nueva oficina
A pesar de lo grandilocuente de la expresión “anomalías de todos los dominios”, introduce una cuestión interesante. Esta iniciativa parece dejar claro que entienden que la casuística de lo que ahora denominan UAP, jamás se ha circunscrito a un solo medio. Si algo define al fenómeno OVNI, es su multi-causalidad.
20 de julio de 2022: el anuncio oficial
Cinco días después, el 20 de julio de 2022, el Departamento de Defensa de Estados Unidos hace pública la creación de la nueva oficina mediante un comunicado firmado por Ronald S. Moultrie.
El documento, accesible en defense.gov, confirma lo que ya se había decidido internamente:
- Se establece la All-domain Anomaly Resolution Office (AARO)
- Se integra dentro de la Oficina del Subsecretario de Defensa para Inteligencia y Seguridad
- Se nombra como primer director a Sean M. Kirkpatrick
La misión de la AARO queda definida con bastante precisión: sincronizar los esfuerzos del Departamento de Defensa y otras agencias para detectar, identificar y mitigar objetos anómalos en todos los dominios, especialmente aquellos que operen cerca de instalaciones militares o activos sensibles.
Qué es realmente la AARO
Más allá del nombre, conviene detenerse un momento en lo que implica esta estructura. AARO no nace como un programa de investigación “ovni” en el sentido clásico. Su enfoque es operativo. El problema que intenta resolver no es tanto el origen de los objetos, sino su impacto en la seguridad nacional
La lógica oficial es doble:
Por un lado, mejorar la calidad del análisis, evitando la dispersión de datos entre distintas agencias. Por otro, reducir riesgos operativos, especialmente en escenarios donde objetos no identificados interactúan con aeronaves o sistemas militares.
En otras palabras, el fenómeno UAP se redefine como un problema de seguridad, no de especulación.
Una transición con implicaciones
La creación de la AARO marca, en cierto modo, el final de una etapa.
Programas anteriores como la UAPTF o el propio AOIMSG quedan absorbidos en una estructura más amplia, más formalizada y, sobre el papel, más transparente.
Pero también abre una incógnita.
Centralizar la información implica controlarla. Y controlar la información, en este contexto, siempre ha sido una cuestión sensible.
En el día de hoy, lo único claro es que el Pentágono ha decidido tomarse el fenómeno en serio, al menos en términos operativos. Lo que aún está por ver es, hasta qué punto esta nueva oficina servirá para arrojar luz sobre el origen de estos fenómenos, o si su función se limitará a gestionar el problema sin resolverlo. Y, la pregunta que todos los llevamos años atentos a estos movimientos gubernamentales, nos hacemos. ¿Significará más transparencia?
Porque, como suele ocurrir en este tipo de historias, organizar los datos no siempre significa explicarlos y hacerlos de dominio público.



















