Encontrarse de nuevo con un familiar fallecido. Preparar un viaje. Contemplar una puerta abierta o sentir que alguien conocido espera al otro lado. Los sueños y visiones al final de la vida son experiencias descritas desde hace años en cuidados paliativos y ahora un estudio realizado en Italia vuelve a poner el foco sobre ellas. La investigación, publicada en la revista Death Studies, analiza cómo son percibidas e interpretadas por los profesionales que acompañan a personas durante sus últimos días.
Para quienes llevamos años escuchando testimonios relacionados con lo inexplicable, algunas de estas historias resultan sorprendentemente familiares.
Dentro del equipo de investigación de Clave7 hemos conocido relatos de familiares que, tras la muerte de un ser querido, recordaban cómo este había hablado durante sus últimos días de personas fallecidas, viajes que debía emprender o presencias que parecían esperarle.
Hasta ahora, muchos de estos testimonios permanecían dentro del ámbito familiar o eran interpretados como parte de la confusión asociada al proceso de morir.
Por eso resulta especialmente interesante que la ciencia empiece a observar el fenómeno con mayor atención.
No para demostrar que exista algo después de la muerte.
Pero sí para preguntarse qué ocurre realmente cuando estas experiencias aparecen.
Sueños y visiones al final de la vida
Estas experiencias reciben el nombre de ELDVs, siglas en inglés de End-of-Life Dreams and Visions, es decir, sueños y visiones del final de la vida.
Los investigadores las describen como experiencias coherentes, cargadas de contenido emocional y relatadas por pacientes lúcidos que se encuentran próximos a la muerte.
La investigación contó con la participación de 239 médicos, enfermeros, psicólogos y voluntarios relacionados con los cuidados paliativos. No se estudió directamente a 239 pacientes, sino la experiencia acumulada de quienes los acompañan durante esta etapa.
Uno de los elementos más frecuentes es la aparición de personas queridas que ya han fallecido.
Pueden ser padres, parejas, familiares cercanos e incluso mascotas.
En uno de los casos recogidos durante la investigación, una mujer contó que había soñado con su marido fallecido. Durante el encuentro, él simplemente le decía: «Te estoy esperando».
Para quien escucha el relato desde fuera, estas escenas pueden resultar desconcertantes.
Sin embargo, para muchos pacientes tienen un efecto completamente distinto.
La mayoría son descritas como experiencias calmadas o reconfortantes.
Cuando una historia científica resulta extrañamente familiar
Aquí debo permitirme una pequeña reflexión personal.
Me defino desde hace años como una persona sensitiva. Dentro de esa experiencia personal he relacionado determinadas percepciones con personas fallecidas y, como integrante del equipo de investigación de Clave7, he participado también en casos donde familiares nos han contado episodios muy similares a los que aparecen ahora recogidos en este estudio.
Personas que, poco antes de morir, aseguraban haber visto a familiares fallecidos.
Otras que decían que alguien había venido a buscarlas.
También hemos escuchado referencias a viajes, lugares hacia los que debían marcharse o personas que aparentemente las esperaban.
Son testimonios. Y eso conviene dejarlo claro. Un relato personal no constituye una demostración científica, por muy sincero o impactante que resulte para quienes lo viven. Precisamente por eso encuentro especialmente interesante esta investigación.
Durante mucho tiempo, experiencias de este tipo podían quedar rápidamente asociadas al deterioro cognitivo, la medicación, el delirium o las alteraciones propias de una enfermedad terminal.
Ahora la cuestión empieza a plantearse de otra manera.
No necesariamente preguntando si esas visiones proceden de algún lugar externo, sino intentando comprender por qué aparecen, qué características presentan y qué significado tienen para la persona que las experimenta.
Para quienes investigamos desde hace años testimonios relacionados con el misterio, encontrar ese cambio de enfoque resulta, como mínimo, estimulante.
Un lenguaje lleno de símbolos
Los encuentros con personas fallecidas no son el único elemento recurrente. También aparecen imágenes que parecen estar relacionadas con la idea de abandonar un lugar y dirigirse hacia otro. Puertas abiertas, escaleras, umbrales, luces brillantes o preparativos para realizar un viaje forman parte de algunos de los relatos documentados. Hay pacientes que sueñan que preparan una maleta, esperan un autobús o se disponen a marcharse.
En otro de los casos recogidos, un hombre describió cómo ascendía descalzo hasta una puerta abierta inundada de luz. Otro paciente habló de un caballo blanco galopando junto al mar.
Los investigadores plantean que estas imágenes pueden funcionar como un lenguaje simbólico mediante el que la persona procesa emocionalmente su propia muerte. En lugar de enfrentarse directamente a una idea tan difícil de expresar, la mente podría recurrir a imágenes conocidas: marcharse, atravesar una puerta, iniciar un viaje o reencontrarse con alguien.
No existe, sin embargo, una única interpretación.
Los profesionales participantes en el estudio explican estas experiencias desde perspectivas psicológicas, existenciales, espirituales y, en menor medida, biomédicas. Y esa diversidad de interpretaciones es importante. El estudio no obliga a elegir entre una explicación psicológica y otra espiritual. Describe lo que ocurre y cómo reaccionan ante ello quienes trabajan con los pacientes.
No todas las experiencias son agradables
Aunque predominan los relatos tranquilizadores, alrededor de uno de cada diez episodios descritos tendría un contenido angustiante. En estos casos pueden aparecer imágenes asociadas al miedo, el sufrimiento o determinados conflictos emocionales.
Uno de los testimonios recogidos resulta especialmente perturbador. Un paciente afirmó haber visto a «un monstruo con la cara de mi madre» que lo arrastraba hacia abajo. Experiencias de este tipo podrían estar relacionadas con necesidades emocionales o clínicas no resueltas. Precisamente por ello, los investigadores consideran importante prestar atención tanto al contenido del relato como a la reacción que provoca en el paciente.
No se trata simplemente de preguntar qué ha visto. También importa conocer cómo se ha sentido.
El reto de distinguir una visión del delirium
Para los profesionales sanitarios existe además un problema especialmente delicado. ¿Cómo diferenciar estas experiencias de un episodio de delirium?
El delirium es un estado de confusión aguda que puede aparecer durante las últimas fases de algunas enfermedades y provocar alteraciones de la percepción, desorientación o alucinaciones. Durante años, esa explicación ha acompañado inevitablemente a muchos relatos surgidos en torno al final de la vida.
Y tiene sentido que así sea.
Antes de buscar cualquier interpretación extraordinaria deben contemplarse las causas médicas capaces de explicar una experiencia. Pero los investigadores señalan que los sueños y visiones del final de la vida pueden presentar características diferentes. Los pacientes pueden conservar la lucidez y describir experiencias estructuradas, coherentes y con un profundo significado emocional.
La distinción no siempre resulta sencilla. Y precisamente ahí se encuentra uno de los grandes intereses de esta investigación.
Escuchar antes de interpretar
Según los profesionales participantes, una de las respuestas más habituales consiste en escuchar al paciente, tranquilizarlo y proporcionarle apoyo emocional. Puede parecer una respuesta sencilla. Pero probablemente sea una de las más importantes.
El problema es que no todos los profesionales cuentan con formación específica para afrontar estas situaciones. El nivel de preparación y confianza puede variar considerablemente. Además, muchos pacientes nunca cuentan lo que han vivido. Temen que sus familiares o los propios profesionales sanitarios piensen que están confundidos. Otros tienen miedo de ser ridiculizados o juzgados. Incluso cuando finalmente hablan de ello, pueden restar importancia a lo ocurrido.
El equipo encabezado por Elisa Rabitti considera que aquí existe una oportunidad importante dentro de los cuidados paliativos. Hablar sobre estas experiencias puede permitir que la persona exprese miedos, recuerdos, esperanzas o cuestiones que resultan difíciles de abordar directamente. La imagen de un viaje puede esconder una despedida. La aparición de un familiar fallecido puede abrir una conversación sobre el miedo a morir. Una puerta que se abre puede convertirse en una forma de hablar sobre aquello que el paciente siente que está a punto de ocurrir.
Desde esta perspectiva, quizá lo verdaderamente importante para el profesional no sea determinar si aquello que relata el paciente es «real», sino comprender qué significa para él.
Qué ocurre cuando se aproxima el final de la vida
La noticia que ha dado a conocer el estudio también sitúa estas experiencias dentro del proceso fisiológico que suele acompañar a los últimos días de vida.
Este contexto no constituye el hallazgo principal de la investigación de Rabitti y sus colaboradores, pero ayuda a comprender el entorno en el que pueden aparecer algunas de estas experiencias. Enric Benito, especialista en cuidados paliativos, explica para la Sociedad Española de Cuidados Paliativos que, conforme se aproxima la muerte, suele producirse un progresivo desapego del entorno. La persona habla menos, reduce su actividad y pasa cada vez más tiempo dormida.
También puede responder con menor frecuencia a los estímulos y disminuir paulatinamente la ingesta de alimentos y líquidos. Con el avance del proceso aumenta la somnolencia y el contacto con la realidad cotidiana puede hacerse más débil.
Según Benito, en ese periodo algunos pacientes relatan precisamente la presencia de personas queridas fallecidas. En muchos casos, estas experiencias parecen proporcionarles calma.
En las fases finales también puede aparecer el denominado estertor agónico, una respiración característica provocada por la acumulación de secreciones cuando la consciencia ya está muy disminuida.
Todo ello forma parte del proceso fisiológico de morir y debe distinguirse de los fenómenos específicos estudiados en los ELDVs.
¿Qué significan realmente estas visiones?
Probablemente esta sea la pregunta más difícil. Y también la que más tentaciones genera. Quienes hemos escuchado testimonios de este tipo podemos sentirnos inclinados hacia determinadas interpretaciones. Pero una investigación científica obliga a mantener cierta distancia.
Resultaría sencillo presentar estos relatos como evidencia de que existe algo después de la muerte. También sería sencillo descartarlos automáticamente como una alteración del cerebro durante sus últimas horas.
El estudio no demuestra ninguna de las dos cosas.
Lo que muestra es que determinadas experiencias aparecen de forma recurrente entre pacientes próximos a la muerte y que poseen un profundo contenido emocional para quienes las viven. Los investigadores consideran que algunos símbolos pueden constituir una forma de procesar psicológicamente el tránsito final.
Una especie de lenguaje construido con recuerdos, personas conocidas e imágenes relacionadas con el viaje y la transformación.
Pero todavía queda mucho por comprender. Y quizá esa sea precisamente la parte más apasionante.
La ciencia no tiene por qué confirmar aquello que algunos investigadores de lo insólito hemos escuchado durante años. Tampoco necesita negarlo de antemano. Puede hacer algo mucho más interesante.
Estudiarlo.
Cuando la ciencia decide escuchar
Durante mucho tiempo, hablar de estas visiones podía resultar incómodo incluso dentro de un entorno sanitario. Existía el riesgo de interpretarlas inmediatamente como confusión, alucinación o deterioro cognitivo. La investigación publicada en Death Studies plantea una perspectiva más abierta.
No es necesario aceptar una interpretación espiritual para reconocer que esas experiencias poseen significado para el paciente. Tampoco es necesario negar la dimensión personal, emocional o incluso espiritual que algunas personas encuentran en ellas.
Escucharlas puede convertirse en otra herramienta de acompañamiento.
Para quienes formamos parte de Clave7 y hemos recogido durante años testimonios parecidos, resulta especialmente interesante comprobar que los sueños y visiones al final de la vida comienzan a recibir una atención científica más específica.
No sabemos qué son en última instancia. Quizá ahí siga encontrándose el verdadero misterio. Pero antes de decidir qué significan, había que empezar por algo mucho más sencillo.
Escuchar a quienes dicen haberlos vivido.
Fuentes
- Estudio publicado en Death Studies: End-of-life dreams and visions in palliative care: Perspectives, interpretations and practices from Italian professionals, investigación dirigida por Elisa Rabitti.
- Información periodística difundida por MSN España sobre los resultados del estudio. Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), declaraciones del especialista en cuidados paliativos Enric Benito.



















